lunes, julio 20

Ferias de ayer, recuerdos de hoy

FERIAS

Ayer, después del chapuzón de la mañana en la playa, el Náufrago se pasó por el recinto ferial que este año por designio municipal han instalado cerca de la playa, para regocijo de feriantes y problemas circulatorios en esa zona playera. Pero dejemos ese aspecto que hoy es día de evocaciones, no de protestas.

Era avanzado el mediodía y no había gente, salvo los feriantes que descansaban, preparaban globos, limpiaban los alrededores y se duchaban con las mangas de riego. Si el Náufrago se dio por allí una vuelta, cámara en vano, era porque la palabra “Ferias” sonaba en su interior con un tono especial fiesta y regocijo. No abundaban en tiempo de su infancia muchos de estos festejos y sí muchas procesiones, novenas, rosarios de la aurora y ‘atracciones semejantes’, muy propia para un chico. Las pocas vías de expansión eran los guateques, los cines de barrio, los baños en piscinas y en el río salmantino. Todo las demás diversiones las encontrábamos en los juegos callejeros.

La llegada de las “Ferias’, allá en las primeras semanas de septiembre, era el gran acontecimiento de diversión de todo el año. El recinto ferial se instalaba en una alameda, a las afueras. Bastante diferente del emplazamiento por donde ayer se paseaba. Sin gente, los feriantes descansando y unos pocos preparando globos o limpiando con mangueras los alrededores de sus casetas y aprovechando el agua para darse una ducha. Mientras el Náufrago tomaba algunas fotos las atracciones, iba pensando en aquellas antiguas barcas, sostenidas por dos alambres a los que propios pasajeros debían impulsar a brazos esforzados para ponerlas en funcionamiento. Había que ver a aquellos mozalbetes haciendo ostentación de su fuerza y a las chicas que miraban orgullosas a su barquero. Los más pequeños, sin fuerza aún para balancear aquellos aparatos, nos contentábamos con mirar entre envidiosos y regocijados, y ver si en los vaivenes podíamos ver las bragas de las chicas.

A donde si podíamos subirnos a aquellas sillas metálicas sostenidas por cadenas que giraban alrededor de la plataforma y se elevaban cada vez más a medida que aumentaba la velocidad. Pero entre las atracciones del pequeño Náufrago, su preferida eran los coches de choques. Disfrutaba yendo al encuentro de aquellas bandas de gomas que protegían los coches. Se sentía impotente cuando quedaba atrapado en cualquier atasco era incapaz de salir de aquel laberinto de coches.

Hasta aquí unos recuerdos que el Náufrago se ha contando a sí mismo. ¿Cuánto vale un recuerdo de la infancia? Depende de en cuánto lo valore cada cual.

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domingo, julio 19

Euros para todos. Estamos en Jauja

Después de la playa el Náufrago aprovechó que las llamadas 'Ferias' de coches de choque, norias gigantes, mansiones del terror, ‘rápidos’, churrerías, ‘super mouse’ y demás atracciones estaban aún desiertas para dar un paseo y fotografiar a su infancia, aunque apenas ya se parezca. Pero ese paseo nostálgico lo dejaremos para otro momento.

Llegó a casa y se puso a leer la prensa. En mala hora se le ocurrió, porque en nada favoreció su digestión. Como siempre la maldita política. Se detuvo en la Carta del Director, que más que carta parecía una nota necrológica. Parodiando la película de Woody Allen: “Take the money and run”, aparecían ,junto al cartel ‘transformado’, unos ‘ladillos’ bastante sugerentes de lo que nos espera después del nuevo modelo de refinanciación del país o de lo que él va poco a poco quedando. Aunque dudo que el señor Zapatero haya tenido tiempo de leer ‘La España invertebrada’ de Ortega, él afirma después de este parto financiero ¡Oh magia entre las magias! ¡Oh vacuidad de vacuidades’! una de esas frases que le preparan sus redactores. El señor Rodríguez se jacta de haber conseguido “vertebrar a España en su diversidad”. Y luego, satisfecho, dijo a los suyos, “Hemos dado la talla. Estoy orgulloso de la coordinación que hemos demostrado entre el Gobierno y el partido” Se supone, los periódicos no lo dicen, que aplaudieron los Barreda, los Vara, los Iglesias, los Areces… Se ha logrado la cuadratura del círculo: todos han quedado satisfechos, hasta las arcas del Estado que cada vez deben andar más desbordantes. 11.000 millones de euros adicionales que los señores Griñán y Montilla, perceptores del 65% del pastel, no pudieron más que aplaudir.

Hasta aquí, al parecer ‘tutti contenti’, porque quizá ya no nos extrañe ninguno de los juegos malabares que hace el mago o el trilero, que ya suena lo mismo, acostumbrados como estamos a jugar con la semántica.Después de todo esto, no nos queda más que leer los ladillos de la imagen:

  • “No hay mayor sandez que alegar que el nuevo sistema favorece a todos las comunidades” (Siempre habrá unos más ‘iguales’ que otros)

  • “La mala noticia para nuestra economía es que el Gobierno tiene garantizada su estabilidad”. (¿Adónde vas economía mía?)

  • “No sabemos ni cuándo, ni cómo, pero lo que sí sabemos que este chico terminará muy mal”. (No importa cómo acabe el chico, sino cómo acabe el país que un día se llamó España)

Cosas de un Náufrago.

El niño y el perro

EN LA PLAYA

El Náufrago no es de los que va a la playa a pasar horas y horas, panza arriba, tomando el sol. Ustedes dirán, y con razón, ¿Y a nosotros qué coño nos interesa qué hace el Náufrago en la playa?. Aceptada la observación que es muy oportuna, porque cada cual va a la playa a lo que le apetezca. Por ejemplo, llevar sombrillas, hamacas, la nevera con sus cervezas, Caseras, tinto de verano, gambas, langostinos, o chistorra. También pueden ir con la baraja y echarse una partida de cartas y recoger los bártulos a la hora que les venga en gana.

Lo que pasa es que el Náufrago es un tío raro y lo más que lleva además de las gafas para ver un poco el fondo del mar, a veces le acompaña Douce si es día de poca aglomeración. Pero al ser hoy domingo fue solo. Se bañó y luego observó una pequeña escena, sacó su máquina y quiso reflejarla porque son dos personajes que les gusta ver actuar en su naturalidad.

Se iba a ir ya después del chapuzón, cuando apareció en la playa un señor con su perro y se retiraron a pasear por un rincón de la cala. Enseguida, un niño de unos dos o tres años, que hasta entonces había disfrutado viendo cómo las olas llevaban y traían su pelota, fijó su vista en el perro. Al principio, a pesar de esa atracción que sienten los niños por estos animales, se cuidó mucho de acercarse. Fue el amo del perro el que se acercó al niño para indicarle que no le haría ningún daño. Entonces el niño, más seguro, acarició el lomo del animal imitando lo que hacía su amo.

A partir de ahí, perro y niño hablaron el lenguaje mudo de la amistad. En ello estaban, cuando la madre que hasta entonces no se había percatado de las nuevas amistades de su hijo, se acercó para asegurarse que no corría ningún peligro. Allá estaban los cuatro: el dueño y su can, el niño y su madre.

No tiene nada especial la anécdota. Pero quién ha dicho que en una playa ocurren a diario escenas trágicas o maravillosas. La vida esta hecha pequeños sucesos, en los que ni siquiera reparamos. Tenemos asuntos mucho más importantes en qué pensar.




sábado, julio 18

Ante de disparar, léase el manual

TRIBULACIONES DE UN INÚTIL

Estaba el Náufrago esta tarde en casa cuando le asaltó la duda metódica entre darse un garbeo, para ver el ambiente festivo de la ciudad que inauguraba hoy su Fiesta Grande o quedarse tranquilamente en casa disfrutando de la compañía de su inseparable, Douce. Al final venció la pereza a la curiosidad. Entre otros motivos porque el señor Alcalde de la villa ha llenado la ciudad de casetas, tipo guardabosques, que los alquiladores se han encargado de adornar con banderolas, ornamentos chinescos, y botellas de Tío Pepe. La verdad es que los del negocio deben estar frotándose las manos y los bolsillos, pero las zonas ciudadanas más concurridas de esta villa marinera han quedado convertidas en un parque de atracciones y un horroroso chiringuito.

Pero no era en eso en lo que pensaba este Náufrago, cada vez más exigente, con la belleza de lo natural, pero el negocio es el negocio, y hay que rendirse ante el dios Mamón (dios de la pasta) al que se recurre sobre toda en época de crisis. Lo que se le ocurrió al Náufrago es que puesto la época se presta a salir con su cámara y dedicarse a captar algunas imágenes para su solaz y curiosidad, pensó que era llegada la hora de leerse el manual o guía de uso. Lleva más de dos meses con la dichosa cámara y aún no se ha dignado mirar de qué herramientas está dotada y para qué sirve cada una.

El día que la compró, por cierto a un antiguo alumno suyo, el alumno se percató de la ignorancia del ex-profesor en materia técnica y alteró los términos y se convirtió en improvisado y necesario maestro. Fue entonces cuando le explicó dos o tres funciones esenciales, luego dejó la cámara en ‘auto’, le regaló un libro, con esta consigna: “lo lees, sacas fotos, y cuando encuentres algún problema o quieras descubrir más secretos, vuelves por aquí, y seguimos la clase…”

Por supuesto el libro quedó por la mitad y el CD con las instrucciones de uso, hasta esta tarde no había salido de su carpeta de papel. Hoy, por primera vez, ha introducido el disco en el lector de cedés y ha intentado leer un poco. Demasiado pisto para un pollo. Después de haber localizado el idioma, apareció una sonriente señorita (en pdf) ofreciéndole el ‘menú’. Como primer plato pidió la “Guía del usuario”, lo más recomendable dada la época de calores. Pinchó y apareció su cámara y el título: “Tabla de contenido” y arriba, el ‘acrobat’ marcaba 300 páginas nada menos. Armóse de valor y empezó. Se saltó la ‘preparación’, porque eso ya se lo había dejado preparado el maestro. Pasó unas páginas y llegó a la 42. Allí apareció el primer obstáculo serio. Aparecía la cámara con nada menos que 24 botoncitos o controles. ¡Cielo, santo!, exclamó para sus adentros el perplejo ‘fotógrafo’ Y se preguntó acomplejado ¿y debo aprenderme para qué sirven cada uno de esos chismes? Por primera vez supo, que la cámara estaba dotada de altavoz, que el botón número dos era el “dial de ajuste dióptrico” (¿y eso qué è?), y el número 6 y 8 el ‘dial de modo’ y el ‘dial de ISO’…

Allí se detuvo. Pensó que para la primera ‘clase’ a distancia era más que suficiente. Y es que usar ahora cualquier cacharro: lavadora, microondas, televisor, escáner, móvil, palillo de dientes, tienes que leerte el manual de uso. Urge escribir una carta al señor Gabilondo (el ministro), no el otro, que incluya en el curriculum escolar una asignatura sobre “Mecánica doméstica y lectura de manuales de los distintos chismes”

viernes, julio 17

... Y yo pienso en la enfermera

Y PIENSO EN RYAN

Hablan de desorganización.... y yo pienso en la enfermera
Hablan de negligencia... y yo pienso en la enfermera
Hablan de dimisión de gerentes... y yo pienso en la enfermera
Hablan de error imperdonable... y yo pienso en la enfermera
Hablan los indocumentados... y yo pienso en la enfermera
Hablan los sabios... y yo pienso en la enfermera
Hablan los que tienen remedios para todo, cuando ya no hay remdio... y yo pienso en la enfermera
Hablan los que nunca se equivocan... y yo pienso en la enfermera

Yo pienso en la enfermera que no hizo más que acudir a un servicio que no era el suyo porque se lo mandaron, que quiso ayudar a dos compañeras que estaban asistiendo a una emergencia y erró en uno de los dos neonatos que atendió... Y sigo pensando en la enfermera, en una clínica psiquiátrica viviendo la muerte de su ‘culpa’. Una ‘muerte’ que difícilmente le dejará vivir toda la vida.

Pienso en la enfermera y pienso en Ryan, en su padre, en sus abuelos y en todos que querían sustituir la muerte de su madre. Y pienso en el montaje mediático sobre este desgraciadísima muerte, en los mil errores que ocurren a diario en todos los órdenes que se callan. Como se callan los miles de vida que se salvan cada día de los que nadie tiene noticia.

Pienso en ello y expreso lo que siento. Los sabios de siempre me dirán que estoy equivocado. Seguramente, porque me equivoco muchas veces y sé cómo duele el dolor de hacer daño involutariamente, por eso seguiré pensando en la enfermera.

Mirando al mar

LA PERPLEJIDAD DE LA MIRADA

Para empezar, al Náufrago le resulta difícil expresar lo que quisiera decir en esta entrada. Le traicionan algunas de las imágenes que ha escogido y no encuentra ni el fondo, ni la forma de lo que quiere transmitir. Ni las imágenes que abren y cierran la presentación fotográfica, ni digiere bien la cursilería de las letras que acompañan las fotos. Era una canción que oyó siendo niño mil veces. Entonces las canciones duraban bastantes inviernos y muchos veranos. Hablaban de amores de ‘plexiglás’ y vacuidades.

Se preguntarán entonces ¿Por qué las he escogido? …porque el mar, porque el paisaje, porque la perspectiva, porque el subconsciente… ¿Por qué, coño, si no lo sé ni yo? No me pidan que explique, lo que no sé explicar. Bastante hago confesando mi perplejidad y mi impotencia. Sería porque esas letras y el cantante era una voz ligada a Santander y que para ciudadanos y foráneos teñía a la ciudad de cursilería y aburguesamiento. Y quizá haya que reconocer que ese Santander debería existir y existe, como otros muchos santanderes de gente trabajadora, emprendedora, culta, sencilla, amante de sus tradiciones.

Me doy cuenta que sigo divagando y de paso creándome algunos amigos. Lo que de verdad quería transmitir es esa belleza que serena, que empapa y colma el alma. La ciudad queda detrás, pero si vas bordeando la bahía no se cansan los ojos de mirar, el mar, los islotes, la ‘península, las playas con diferentes vidas propias, las montañas cercanas.

Ayer, cuando el Náufrago llegó a la playa, lucía el sol y la temperatura era muy agradable. Eran las seis de la tarde. De pronto por detrás de Peña Cabarga, vigía de la ciudad, fueron apareciendo nubes que pronto se transformaron en negros nubarrones que cubrieron el mar y la playa y los bañistas fueron poco a poco vaciando la playa. El Náufrago subió al paseo y completó sus ‘anotaciones’ fotográficas. Necesitaba robárselas al mar y al paisaje, para seguir viéndolas de nuevo muchas veces y descubriendo sus múltiples facetas.

Se queda con la sensación de no haber sabido expresar el por qué había escogido aquellas ‘miradas’. Seguramente al repasarlas, encuentre en ellas el misterio que encerraban.

jueves, julio 16

Memorias de Douce (2ª parte)

CUANDO LLEGUÉ A ESTA CASA (viene de ...)

…”Pero con esta digresión –como notarán soy una perrita que tiene sus letras – me había alejado de decirles cómo fue el recibimiento en mi nuevo hogar. Mi segundo padre, el “francés” para entendernos, bajó al jardín, me observó de arriba a abajo, de delante hasta atrás y de lado a lado. Yo miraba la expresión de sus ojos y la verdad es que me sentí un poco asustada y un escalofrío interior recorrió todo mi cuerpo. Me veía de nuevo en aquella perrera, estaba segura de que si volvía allí, me dejaría morir de pena...Después de este minucioso examen en el jardín, subimos a la casa. Yo temblaba por dentro. Asistía muerta de miedo a la discusión entre mi segundo padre y los chicos.

-“¿Por qué habéis traído este perro sin consultarnos?” (Me dolió que me llamara “perro” en aquel tono enfadado, en todo caso debería haberme llamado “perrita”. Señor, hasta para con los perros hay eso que los cursis llaman “violencia de género”)

-“¿Quién se va a ocupar, de sacarla a pasear, a comprarle la comida, a llevarla al veterinario?” Los chicos se vieron también sorprendidos, no sabían qué responder, balbuceaban algo así como 'nosotros nos ocuparemos...'

- “¿Y dónde se va a quedar cuando tengamos que salir de viaje? ¿Eh, dónde?

La discusión subía de tono, yo, para sentirme protegida, me subía a las piernas de mi “dueño”. Tenía tanto miedo oyéndoles gritar que me hice pis en una alfombra. Mi segunda madre, me dio algo de comer y me serené un poquito. Así quedó la cosa, los chicos me sacaron de casa y me llevaron al veterinario. Me desparasitó por completo y dijo que nunca había visto tanta pulga junta en un cuerpo tan pequeño.

Al volver a casa los ánimos estaban ya algo más calmados. Seguían las frases de rechazo pero eran más suaves. Los chicos y yo seguíamos perplejos la evolución de los acontecimientos, pero sus caricias me tranquilizaron un poco. “Ya verás, es sólo la primera reacción, en poco tiempo se le habrá pasado y podrás quedarte en casa. No tengas miedo» Así pasé la noche, dormida junto a mi “amo”. Con el miedo aún en el cuerpo pero más tranquila.

Memorias de Douce (1ª parte)

CUANDO LLEGUÉ A ESTA CASA

  • Introducción: Como mi papá está ahora muy ocupado, o al menos es lo que él dice, yo no lo veo tanto, me ha dado cancha libre para que cuente mis memorias. Algunos ya las conocen, pero puede que haya todavía quien no conoce mi historia que dentro de muy pocos días cumplirá los diez años. Para empezar les contaré cómo llegué a esta casa. Para no hacerlo muy largo, y los lectores de blogs tienen prisa, he repartido este primer capítulo en dos partes. He aquí la primera de cómo llegue a esta casa.

- "Pues sepan vuestras mercedes,ante todas cosas, que a mí me llaman Douce, que así me pusieron mis padres adoptivos, porque de mis verdaderos padres no me acuerdo. Sólo recuerdo que me dejaron sola, abandonada, en una casa de asilo donde deja la gente desalmada a los perritos que por cualquier causa ya no quieren. Bien pudiera llamarse a estos sitios “perrerías” porque deacuerdo con el diccionario de la RAE – yo, como irán viendo, soy una perrita muy leída – la palabra perrería, además de “muchedumbre de perros “, significa también “acción mala o inesperada contra alguien” . Y a fe que perrería fue lo que mis padres naturales me hicieron, dejándome abandonada en aquel lugar donde , en muypocos días , todas las pulgas de aquella perrera se instalaron en mi cuerpo . El estrés , la angustia que me produjo el sentirme sola entre tantos congéneres también famélicos, tristes, desesperados hizo que me salieran grandes ronchones, haciendo de mí una perrita muy triste, con ganas de morirme cuanto antes en aquel sitio donde todo eran ladridos y gritos de desesperación y abandono.

Pero un sábado del mes de julio, hace ahora algo más de 10 años, se presentaron en aquel asilo de perros cuatro jovencitos: dos chicas y dos chicos que tendrían en torno a los 20 años, aunque la más joven de las muchachas rondaría los 15. Estuvieron echando una ojeada a las decenas de canes del albergue y, no sé por qué, se fijaron en mí. Quizás porque no era demasiado grande, quizá porque se apiadaron de mi cara desvalida y triste, o puede que su instinto les dijera que yo era la más dulce de todos mis compañeros. Lo del dulce lo digo, porque cuando al llegar a casa, y preguntarse qué nombre me pondrían, salió espontáneamente “Dulce” y todos coincidieron en que me cuadraba como anillo al dedo. Lo de “Douce”, fue luego ocurrencia de mi segundo padre,que es un poco cursi, le gusta el francés, y dijo que así sólo los de casa sabrían el verdadero significado de mi nombre, porque para mucha gente el nombre de “Dus” no les dice nada. (Escribo “Dus”, porque es como se pronuncia mi nombre en francés, yo soy una perrita que conoce muchas lenguas)

Pero no crean que con la llegada a mi nuevo hogar se acabaron los problemas. Los jóvenes que me sacaron de aquel antro no habían dicho nada sobre mi llegada, porque temían que sus padres no quisieran tener un perrito en casa. Así que antes de subir a mi nueva morada llamaron al telefonillo para que bajaran a verme. El primero en bajar fue mi segundo padre. Le llamo segundo porque el primero es el mayor de los muchachos que me recogieron. Se llama César , yo le quiero, pero ha pasado largas temporadas fuera de casa y lo he visto menos. Cuando volvía, o ahora que está de nuevo en casa, duermo con él, y aunque a veces me haya sentido un poco abandonada por él, le quiero mucho.

(continuará)